5 clásicos para el invierno

Guía imprescindible para celebrar con estilo mientras caen las temperaturas por Enrico Basile
Cuando el frío aprieta, estos cinco cócteles saben estar a la altura. No son bebidas calientes, pero tienen esa profundidad sofisticada que demandan estas fechas. Desde el clásico Negroni hasta el intrigante Corpse Reviver, cada uno reclama su momento. Son historia líquida en la copa, y tienen ese punto que te hace pensar: “esto, justo esto, era lo que faltaba”.

Negroni
El Negroni no necesita presentaciones. Ginebra, Campari, vermut rojo... y, de repente, todo encaja. Nació en Florencia cuando un conde pidió algo más de punch para su cóctel habitual y, desde 1919, se mantiene como un clásico indiscutible. Es amargo, pero con equilibrio; intenso, pero sutil. Una receta que demuestra que la simplicidad bien medida puede ser toda una declaración de estilo.
Ruby Negroni
El Negroni de siempre con un giro más oscuro y profundo. Johnnie Walker Black Ruby aporta notas de bayas y Pedro Ximénez, mientras el Ruby Port añade calidez extra. Es la versión más redonda del clásico, perfecta para noches de invierno en las que te apetece algo conocido, pero con más cuerpo. Podría ser el cóctel que pedirías en un bar con jazz en directo y luces bajas, mientras afuera la ciudad se congela. Una reinterpretación sofisticada, con acento británico y alma mediterránea.


Zegroni
El Zegroni es la versión caribeña del clásico italiano. Zacapa No. 23 sustituye a la ginebra, aportando caramelo tostado y especias donde antes había botánicos. El resultado es un sabor más envolvente y lento. Perfecto al atardecer, con música latina suave y amigos hablando de viajes que aún no han hecho. Nada que añadir: solo disfrutar.
Espresso Martini
Dick Bradsell lo inventó en los 80 cuando una modelo le pidió algo que “la animara a seguir la noche”. Y boom: nació el mito. Vodka, espresso, licor de café... Ideal cuando la noche se alarga y aún queda conversación. O cuando recién empieza. Su espuma marca la diferencia visual y gustativa. Es el Londres (su lugar de origen) de los 80: energía líquida, no mirar el reloj... O dicho de otra forma: café con las mejores intenciones.


Corpse Reviver No. 2
No te dejes intimidar por su nombre. Este clásico de los años 30 es una oda a la precisión y el equilibrio. Ginebra, Cointreau, Lillet Blanc y un toque de absenta crean su matemática líquida. Nacido en los locos años 20, cuando la elegancia convivía con el exceso, es el menos obvio de la lista, pero quizás también el más interesante, con cítricos y hierbas que te “devuelven” la vida. Hoy sigue refrescando sin enfriar, mientras despeja la mente y recarga las pilas. Sin rodeos. Pura presencia.
El Duende
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