Andrea Civettini, mejor bartender de España en World Class 2026

El bar manager de La Dama (Barcelona) representará a España en la gran final global de Escocia el próximo mes de octubre. Hablamos con él.

El rostro de Andrea Civettini, fresco y descansado, no encaja con el frenesí de sus últimas horas, días y meses. Pero ahí está. Cuando nos reunimos con él, poco después de coronarse con el título de World Class España, le encontramos sentado en un sillón con reposabrazos y motivos vegetales, y tiene algo de regio. El chico de Brescia que lavaba los vasos en Paradiso es la nueva estrella de la coctelería española, el último de una larga lista de titanes de la creación capaces de convertir una copa en mucho más que un trago recreativo. Y todo ello a pesar de su aura adolescente, sus ojos brillantes y su peinado perfecto.
Hace solo un instante llegaron los aplausos, las stories en Instagram, la gloria... Lo que no se vio es la década de esfuerzo entre Australia, Barcelona, Vancouver, ni tampoco los meses que le esperan antes de poner rumbo a Escocia, el próximo octubre, para pelear por ser el mejor del mundo. Le preguntamos por todo ello.
"La constancia es lo más difícil en la vida, pero es lo que más te acaba dando. No hay atajos."

Pregunta. Durante tu infancia en Brescia, ¿qué soñabas con ser de mayor? Respuesta. Es poco romántico: soñaba con seguir el oficio de mi padre y de mi abuelo. Tenemos una empresa familiar de mecánica de precisión. P. Pero con 18 años te alejaste de ello subiéndote a un avión rumbo a Australia... R. Sí. Al terminar el instituto decidí marcharme un año para aprender a vivir solo: gestionar las cosas pequeñas, cocinar sin que me lo hiciera mi madre, aprender bien inglés... Ahora lo veo como algo temerario, como hacer puenting [risas], pero lo pasé muy bien. P. ¿Cómo aterrizaste en el mundo de la barra? R. Por pura necesidad: tenía que pagarme el viaje y la comida, así que al principio fue solo un medio para sobrevivir. Pero poco a poco le fui cogiendo el gusto. En Australia conocí a los que hoy son mis mejores amigos y acabamos mudándonos todos juntos a Barcelona, donde nos pusimos a trabajar en restaurantes. Una noche, con uno de ellos, nos miramos y dijimos: "Si no vamos a ir a la universidad, al menos, por respeto a nosotros mismos, deberíamos centrarnos en algo y hacerlo lo mejor posible". Entre cocina y barra, elegimos el bar. Y fíjate: hoy él es general manager de Himkok, en Oslo, y yo acabo de ganar World Class España. P. ¿Cuándo diste el salto a Paradiso? R. Mientras trabajaba a media jornada en un restaurante, me inscribí en la escuela Bar Trainers de Barcelona. Era sin duda el mejor lugar que había para aprender. Incluso David Ríos se había entrenado allí para su final global de World Class. Al terminar la formación, me dieron varias opciones para empezar a trabajar, y una de ellas era un concepto raro, nuevo, del que había sido nombrado mejor bartender de España solo un año antes. Pasé la entrevista con él sin estar realmente convencido, pero antes de irme, aquel tipo, Giacomo [Gianotti], me dijo: “Siéntate en la barra y tómate algo”. Eso lo cambió todo. Empecé a ver salir cócteles increíbles que no existían en mi cabeza. Al llegar a casa mi decisión estaba tomada. P. ¿Quiénes han sido tus maestros en coctelería? R. Crecí mucho con Giacomo, pero no solo con él. Al abrir Paradiso consiguió atraer a los mejores bartenders de Barcelona, y aquello se convirtió en una especie de equipo A. Mientras yo lavaba vasos le preguntaba a Santi Ortiz cómo hacía él el twist de limón. Llegaba Federico Pasian, uno de bartenders más creativos que he conocido, y me decía que el coco maridaba bien con setas. Y había otros cracks: Paolo De Venuto, que había trabajado en el High Five de Tokio; Konrad [Kaczmarzyk], que luego ganó World Class Colombia… Yo tenía un hambre increíble: cuando uno de ellos se iba al baño, entraba yo a terminarle el cóctel [risas].
"Mis cócteles no te hacen reír ni sonreír, sino pensar: qué cabrón, qué bueno."

P. Para ser un buen bartender hay que tener los sentidos muy afinados. ¿Con eso se nace o se hace? R. Hay gente que nace con mejor olfato y mejor gusto, eso es verdad. Pero sucede igual en el fútbol. Mira a Cristiano Ronaldo y a Mario Balotelli: Cristiano se entrena cada día y por eso es un campeón; Balotelli pudo haberlo sido y no lo fue. Probar cócteles a diario te educa el paladar y la cabeza. La constancia es lo más difícil de la vida, pero es lo que más te acaba dando. No hay atajos. P. ¿Quién serías tú en esa analogía futbolística? R. Es divertido. En la final europea me dijeron que antes me veían como a Iniesta: uno de los mejores de España que nunca había ganado el Balón de Oro. ¡Con el título de World Class España espero que haya cambiado! [risas]. P. Después de Paradiso, abriste Galileo, también en Barcelona. R. Paradiso me dio muchísimo: turnos de 800 cócteles, acabar reventado y volver a casa a las 4PM pensando "hoy no he trabajado, me lo he pasado muy bien". Al volver de Vancouver Giacomo había encontrado un local. Me dijo: André, ¿nos tomamos una cerveza tú y yo? Tenía 24 o 25 años. Aceptar el trabajo fue fácil; lo difícil es que, cuando solo has sido bartender, no sabes a lo que te enfrentas en cuanto a organización, contabilidad gestión de personal... Y además dos semanas después de la apertura llegó el COVID. Fueron cinco años muy intensos. P. Y de ahí recalaste en La Dama. R. Yasin, el propietario, era cliente mío en Galileo. Pasaba por allí a tomarse la última, hablábamos del negocio, había conexión... Cuando surgió la posibilidad, todo encajó. Necesitaba un año para bajar el gas y recuperar la salud, y La Dama me lo ha dado. De hecho, mi participación en World Class nace de ahí: es el único año en que he podido dedicarme de lleno a la competición. P. Cuando creas un cóctel, ¿cuál es tu objetivo? R. Yasin dice que mis cócteles no te hacen reír ni sonreír, sino pensar: qué cabrón, qué bueno. Es una forma silenciosa de aprobación, de admiración, de placer... Supongo que ese es mi objetivo.
"Toda la vida me han dicho que mi sonrisa llega siempre antes que yo."

P. ¿Hacer un buen cóctel tiene más que ver con saber quitar o con saber añadir ingredientes? R. A veces hay exceso, es verdad, pero añadir más ingredientes no significa forzosamente hacerlo peor. Es como en el cine: hay actores principales y actores secundarios. Si no está Robin, Batman es menos fuerte. Si al melocotón le pones coco, es porque sabes que le da más potencia; igual no notas el coco, pero el melocotón es menos melocotón sin él. P. Si tus cócteles pudieran hablar, ¿qué dirían de ti? R. Hablarían de mi vida, del banco de sabores que llevo dentro, del estudio que hay detrás de cada ingrediente y también de mi obsesión por la parte estética. P. Borja Cortina, ganador de World Class en 2015, ha dicho de ti que eres el José Andrés de la barra, uno de los bartenders con más personalidad que ha visto nunca. R. A Borja Cortina le tengo mucha admiración. Leí ese artículo en la final de Róterdam, cuando estaba en el hotel, y se me puso la piel de gallina. Le hice una captura y se la envié dándole las gracias. P. ¿Te ves tú a ti mismo como ese anfitrión luminoso? R. Toda la vida me han dicho que mi sonrisa llega siempre antes que yo. También hay un factor cultural: vengo de una familia muy expresiva. Además, llevo muchos años presentando, dando clases, viajando... ¡Incluso asistí a un curso de oratoria!
"A la final mundial de World Class voy con todo. Habrá gente buenísima, pero llego con muchísima confianza."

P. Háblanos de los tres cócteles que presentaste a la final europea. R. Uno giraba en torno al puerto de Róterdam, y me inspiré en una frase de Paulo Coelho: la nave está más segura en el puerto, pero no se construye para quedarse en él. De ahí salió Open Waters, un highball gastronómico con Johnnie Walker Black. En el siguiente, el reto Simplexi-Tea de Singleton, había que preparar una receta con té, y yo me arriesgué con un cóctel de bubble tea, con tapioca incluida, para el que mi novia me montó hasta una tienda falsa de cara a los jueces. El último fue el más bestia: tuvimos que comprarlo todo en un mercado en diez minutos. Partí de una ensalada de melocotón y tomate cherry y de ahí salió House Warming, inspirado en mis mudanzas. Quedó tan bonito que la organización bajó del escenario a probarlo. P. ¿Cómo te ves de cara a la final mundial de Escocia de octubre? R. Voy con todo. Habrá gente buenísima, pero llego con muchísima confianza. P. ¿Eres tan tranquilo como pareces? R. No [risas]. En una competición como esta, todo parece fácil hasta que participas. En mi caso los nervios empiezan semanas antes. Recuerdo tenerlo todo planificado día a día y una mañana que no tenía nada que hacer casi me da un ataque de pánico: mi cabeza necesitaba estar ocupada, aunque no hiciera falta... Pero una vez allí, en cuanto rompimos el hielo con el primer reto, en los otros dos los disfruté muchísimo. P. ¿Cuál es el cóctel favorito de Andrea Civettini? R. El Negroni y el Americano. Si estoy de fiesta: la Margarita. P. En tu día a día en el trabajo, ¿cuál es tu momento más feliz? R. Cuando el cliente se sienta al otro lado de la barra.
"Un bar debe tener, ante todo, hospitalidad.”

P. ¿Y el que menos te gusta? R. La limpieza al final de un turno largo. P. ¿Cómo es para ti el bar perfecto? R. Debe tener, ante todo, hospitalidad: buena energía, sentirte acogido al entrar... P. Dame cinco bares que para ti sean siempre una apuesta segura. R. Todos en Barcelona: Paradiso, La Dama, Aldea, Farola y 14 de la Rosa. P. Se acaba el mundo y estás al otro lado de la barra. ¿Qué te pides? R. Un Dry Martini de Tanqueray.
Descubre más sobre The Bar


Mantente inspirado
Suscríbete a nuestra newsletter y recibe recetas exclusivas, consejos de expertos y ofertas especiales directamente en tu bandeja de entrada.



